A principios del siglo XX, una curiosa historia comenzó a llamar la atención de los amantes de los gatos: la de un extraño felino sin pelo supuestamente originario de México, conocido como gato azteca o gato mexicano sin pelo.
Según los relatos de la época, estos gatos eran los últimos sobrevivientes de una antigua variedad relacionada con los pueblos indígenas de Nuevo México. Se decía que eran inteligentes, cariñosos y muy diferentes a cualquier otro felino conocido.
Sin embargo, más de cien años después, su historia continúa rodeada de misterio. Aunque existen documentos y publicaciones que hablan de ellos, nunca se ha podido comprobar que el gato azteca haya sido una raza establecida.
La historia detrás del llamado gato azteca
La principal fuente sobre estos felinos es E. J. Shinick, un hombre de Nuevo México que, alrededor de 1902, afirmó haber recibido una pareja de gatos sin pelo provenientes de una comunidad indígena local.
Según su relato, estos animales eran los últimos ejemplares conocidos de una antigua raza llamada “azteca”. Shinick describió a sus gatos como criaturas excepcionales, muy inteligentes y afectuosas.
Entre las características que mencionó estaban la ausencia casi total de pelo, aunque podían desarrollar algo de pelaje en ciertas épocas del año, además de sus largos bigotes y cejas pobladas.
También afirmó que eran animales muy sociables, que disfrutaban de la compañía humana y que tenían una personalidad especialmente cariñosa.
En sus propias palabras, recogidas en publicaciones de la época:
“Los obtuve de los indígenas a unas pocas millas de este lugar. Los jesuitas me dicen que son los últimos de la raza azteca conocidos sólo en Nuevo México. Son las mascotas más inteligentes y cariñosas que he conocido”.
La historia de Shinick fue difundida en The Book of the Cat (1903), escrito por Frances Simpson, una de las publicaciones felinas más importantes de principios del siglo XX.
El gato mexicano sin pelo en los libros de gatos de la época

La historia del supuesto gato mexicano sin pelo no apareció únicamente en el relato de Shinick. Durante esos años, estos animales también llamaron la atención de aficionados y criadores de gatos.
En el libro Rabbits, Cats and Cavies (1903), del escritor y juez de exposiciones felinas Charles Henry Lane, aparece una ilustración de un ejemplar llamado “Jesuit” (Jesuita), descrito como un “gato mexicano sin pelo” (Mexican Hairless).
El libro señala que este ejemplar pertenecía a la Hon. Mrs. McLaren Morrison y que era considerado una rareza: según la descripción, era el único gato de este tipo que había sido exhibido en Inglaterra.
La ilustración fue realizada por Rosa Bebb y muestra a un gato sin pelo con una apariencia similar a la de otros ejemplares descritos en publicaciones de la época.
Aunque estos registros demuestran que los gatos sin pelo existían como una curiosidad felina a principios del siglo XX, no existe evidencia de que formaran una raza antigua o una población estable.
¿Era realmente una raza azteca?
Aquí es donde comienza el misterio.
La historia del gato azteca ha sobrevivido gracias a los relatos escritos de la época, pero no existen ejemplares conservados, registros de reproducción ni estudios que confirmen su origen.
Es posible que aquellos gatos fueran casos aislados de una mutación natural que producía ausencia de pelo, algo que puede ocurrir ocasionalmente en los gatos. También es posible que la historia de su supuesto origen azteca haya crecido con el paso del tiempo hasta convertirse en una leyenda.
Lo que sí sabemos es que los gatos sin pelo no eran completamente desconocidos antes de la aparición del moderno gato esfinge. A lo largo de la historia se han documentado distintos casos de gatos con esta característica en diferentes lugares del mundo.
Un gato entre la historia y la leyenda
Hoy, el gato azteca permanece como uno de los grandes misterios de la historia felina.
No sabemos con certeza si realmente existió como una raza antigua mexicana, pero sus historias, fotografías e ilustraciones nos muestran algo igualmente interesante: la fascinación que los gatos extraños y poco comunes han provocado durante siglos.
Quizás parte de su encanto está precisamente ahí. El gato azteca vive en ese espacio entre la realidad y la imaginación: un pequeño felino que apareció en libros antiguos, despertó la curiosidad de quienes lo conocieron y, más de cien años después, todavía nos hace preguntarnos si alguna vez caminó realmente por el mundo.