Durante mucho tiempo se ha imaginado la Edad Media como una época oscura para los gatos, marcada por el miedo y la superstición. Sin embargo, los registros históricos, las pinturas y los manuscritos medievales muestran una realidad mucho más compleja: los gatos convivieron con las personas en hogares, monasterios y ciudades, formando parte de la vida cotidiana de muchas comunidades.
Aunque su relación con los seres humanos no siempre fue sencilla, los felinos estuvieron presentes en distintos espacios de la sociedad medieval. Eran apreciados por su habilidad para controlar plagas de roedores, pero también eran animales con los que algunas personas desarrollaron vínculos de compañía y afecto.
Los gatos dentro de la vida cotidiana medieval

Los gatos medievales no eran vistos exactamente como los animales de compañía modernos, pero existen numerosos ejemplos que muestran que algunos recibían cuidados y atención.
En registros de la mansión de Cuxham, en Oxfordshire, se menciona durante el siglo XIII la compra de queso para un gato, un pequeño detalle que revela la presencia de estos animales dentro de los espacios domésticos y la preocupación por su alimentación.
Además, en el arte medieval aparecen gatos integrados en escenas de la vida diaria. En La Última Cena de Pietro Lorenzetti, realizada en el siglo XIV, un gato descansa junto al fuego mientras un perro lame las sobras de un plato. Ninguno de los dos animales ocupa un lugar central en la composición, pero su presencia es significativa: forman parte del ambiente cotidiano representado en la escena.
Algo similar ocurre en algunas miniaturas de libros de horas, manuscritos religiosos muy populares durante la Edad Media. En una escena doméstica de un libro de horas neerlandés, un gato aparece en una esquina de la habitación mientras las personas realizan sus actividades, como un habitante más del espacio.
Estos pequeños detalles nos recuerdan que los gatos no solo existían en la sociedad medieval: también compartían los mismos espacios que las personas.
Gatos, monasterios y manuscritos

Los monasterios medievales también estuvieron relacionados con los gatos. Aunque algunos textos religiosos criticaban el apego excesivo hacia los animales o asociaban ciertos comportamientos felinos con la astucia y el engaño, los manuscritos muestran una imagen más variada.
En numerosas miniaturas medievales aparecen gatos junto a monjas, escribas y otras figuras religiosas. Su presencia probablemente estaba relacionada con su utilidad para controlar poblaciones de ratones, especialmente en lugares donde se almacenaban alimentos y documentos.
La relación entre humanos y gatos en estos espacios era, por lo tanto, ambigua: podían ser vistos como animales útiles y queridos, pero también como criaturas rodeadas de simbolismos y supersticiones.
El origen del mito del gato perseguido por la Iglesia
Una de las ideas más extendidas sobre la Edad Media es que la Iglesia ordenó eliminar a los gatos debido a su asociación con la brujería. Sin embargo, esta creencia surge de una interpretación posterior y simplifica una historia mucho más compleja.
Uno de los episodios que contribuyó a esta asociación ocurrió en el siglo XIII, cuando el clérigo alemán Conrado de Marburgo realizó acusaciones contra supuestos grupos heréticos. En una carta enviada al papa Gregorio IX describió rituales considerados satánicos en los que aparecía un felino de características sobrenaturales.
En 1233, Gregorio IX publicó la bula Vox in Rama, un documento relacionado con estas acusaciones contra una supuesta secta herética. Aunque en el texto aparece la figura de un gato dentro de la descripción de los rituales, no existe evidencia de que este documento haya establecido una persecución general contra los gatos en Europa.
Con el paso del tiempo, este episodio ayudó a fortalecer la idea del gato como un animal asociado con lo misterioso y lo sobrenatural, especialmente durante los siglos posteriores.
Una historia más compleja que una simple persecución
La realidad es que los gatos medievales vivieron experiencias muy distintas dependiendo del lugar y del contexto. Algunos fueron vistos con desconfianza, mientras que otros compartieron hogares, monasterios y espacios de trabajo junto a las personas.
Lejos de ser únicamente animales temidos o rechazados, los gatos formaron parte del paisaje cotidiano de la Edad Media. Aparecen escondidos en manuscritos, descansando junto al fuego, cazando ratones en monasterios y acompañando silenciosamente a quienes compartían su vida con ellos.
La historia medieval de los gatos no es una historia de persecución absoluta, sino una historia de convivencia: una relación cambiante entre humanos y felinos que, como ocurre hasta nuestros días, estuvo llena de afecto, utilidad, supersticiones y compañía.