Hoy resulta completamente normal abrir una lata, una bolsita o servir un plato de croquetas para alimentar a nuestros gatos. Existen alimentos para diferentes edades, necesidades nutricionales e incluso preferencias bastante específicas de nuestros exigentes compañeros felinos.
Pero las croquetas son una invención sorprendentemente reciente.
Los gatos llevan miles de años viviendo cerca de las personas, así que ¿qué comían antes de que existiera la comida fabricada especialmente para ellos?
La respuesta depende mucho de la época y del lugar. Durante buena parte de su historia doméstica, los gatos tuvieron que combinar aquello que las personas podían ofrecerles con algo que saben hacer extraordinariamente bien: conseguir su propia comida.
Cuando cada gato conseguía parte de su cena
La relación entre humanos y gatos comenzó mucho antes de que estos últimos durmieran en nuestras camas y exigieran su desayuno a las seis de la mañana.
Los primeros gatos que comenzaron a vivir cerca de los asentamientos humanos encontraron allí una fuente abundante de alimento. Los granos y otras provisiones almacenadas atraían a ratones y otros pequeños animales que los gatos podían cazar, una relación que también beneficiaba a las comunidades humanas al ayudar a mantener a raya a los roedores.
Esta relación continuó durante siglos. En granjas, almacenes, mercados, puertos y hogares, muchos gatos obtenían una parte importante de su alimentación cazando.
Pero eso no significa que las personas nunca los alimentaran.
Carne, pescado y sobras: la dieta de los primeros gatos domésticos
Antes de la aparición de los alimentos comerciales, la dieta de un gato doméstico dependía en gran medida de lo que estuviera disponible en su hogar.
Podían recibir restos de carne y pescado, vísceras y diferentes sobras de la cocina. La dieta variaba enormemente según la región y las posibilidades económicas de cada familia, y además se complementaba con aquello que el propio gato pudiera cazar.
Durante siglos tampoco existió nuestra concepción actual de una dieta felina nutricionalmente completa. Alimentar a un gato significaba, sencillamente, compartir con él algunos de los alimentos disponibles y permitirle buscar otros por su cuenta.
Sin embargo, el crecimiento de las grandes ciudades durante el siglo XIX produciría una curiosa profesión dedicada precisamente a resolver el problema de qué poner en el plato del gato.
Los vendedores de carne para gatos

En el Londres del siglo XIX era habitual encontrarse por las calles con un personaje que hoy resultaría bastante peculiar: el cat’s meat man (el señor de la carne para gatos), un vendedor ambulante de alimento para los felinos domésticos.
Estos comerciantes recorrían los barrios cargando cestas o empujando pequeños carros llenos principalmente de carne de caballo. Londres dependía entonces de miles de caballos para transportar personas y mercancías y, cuando los animales envejecían, enfermaban o ya no podían trabajar, parte de su carne terminaba destinada a alimentar perros y gatos.
Los vendedores compraban la carne, la preparaban en pequeñas porciones y recorrían diariamente sus rutas vendiéndola de casa en casa.
A mediados del siglo XIX, el periodista y reformador social Henry Mayhew documentó este peculiar oficio para su libro El trabajo y los pobres de Londres. Sus cálculos estimaban que alrededor de 1,000 vendedores de carne para gatos y perros trabajaban en Londres, abasteciendo a una población que se calculaba en unos 300,000 gatos.
Era, literalmente, un servicio de comida para gatos a domicilio más de un siglo antes de las aplicaciones de reparto.
Los gatos conocían perfectamente al señor de la comida

Quizá la parte más encantadora de esta historia es que los clientes felinos sabían perfectamente lo que estaba ocurriendo.
Los vendedores seguían rutas regulares y algunos atendían cientos de hogares. Su llegada podía provocar que los gatos comenzaran a reunirse alrededor del carrito esperando su comida.
Algunos vendedores incluso daban pequeños trozos a los gatos callejeros que aparecían durante sus recorridos.
La figura del cat’s meat man llegó a convertirse en una imagen reconocible de la vida cotidiana londinense. Apareció en ilustraciones, fotografías, postales e incluso literatura infantil.
Y el negocio sobrevivió durante bastante tiempo: todavía existen fotografías de tiendas y vendedores de carne para perros y gatos en Londres durante las primeras décadas del siglo XX.
La comida preparada comienza a aparecer
Mientras aquellos vendedores recorrían las calles, estaba comenzando otra transformación.
Alrededor de 1860, el empresario estadounidense James Spratt comenzó a vender en Inglaterra un alimento preparado especialmente para perros. Sus famosas galletas son consideradas uno de los primeros alimentos comerciales modernos para animales de compañía.
Con el tiempo, su compañía también comercializó productos destinados a gatos.
No ocurrió, sin embargo, un momento preciso en el que los gatos abandonaran las sobras y comenzaran a comer alimento comercial. Durante décadas convivieron distintas formas de alimentarlos.
Un gato podía recibir carne comprada a un vendedor, restos de la comida familiar y, por supuesto, continuar cazando ratones cuando tenía oportunidad.
Del carnicero a la lata
Durante las primeras décadas del siglo XX, los alimentos preparados comenzaron a convertirse en una alternativa cada vez más accesible.
La industrialización de la producción de alimentos permitió aprovechar ingredientes de nuevas maneras y conservarlos durante periodos mucho más largos. Poco a poco aparecieron más productos destinados específicamente a perros y gatos, incluidos alimentos enlatados.
Para los habitantes de las ciudades, estos productos tenían una ventaja evidente: ya no era necesario comprar carne fresca continuamente ni depender de las visitas del vendedor. El gato comenzaba a tener una comida fabricada especialmente para él.
Y finalmente llegaron las croquetas
La gran transformación del alimento seco ocurrió a mediados del siglo XX gracias al desarrollo de nuevas técnicas industriales.
Una de ellas fue la extrusión, un proceso que permite mezclar, cocinar y moldear ingredientes utilizando presión y calor. A finales de la década de 1950, comenzó a utilizarse para fabricar alimentos para animales y permitió producir de manera eficiente las pequeñas piezas secas que actualmente conocemos como croquetas.
Durante las décadas siguientes, el alimento seco se hizo cada vez más común por una razón muy práctica: podía almacenarse durante largos periodos, transportarse fácilmente y servirse sin preparación.
El carrito del cat’s meat man tenía finalmente un competidor imposible de vencer.
Descubriendo lo que realmente necesita un gato
Pero la historia no termina con la invención de las croquetas.
Durante el siglo XX también comenzó a desarrollarse una comprensión mucho más precisa de las necesidades nutricionales de los gatos.
Hoy sabemos que nuestros amigos felinos son carnívoros obligados y que su organismo necesita determinados nutrientes que deben obtener a través de su alimentación. Uno de los ejemplos más conocidos es la taurina, un aminoácido esencial para los gatos cuya deficiencia puede provocar graves problemas de salud.
El desarrollo de la nutrición veterinaria permitió que los alimentos comerciales dejaran de ser simplemente una manera práctica de proporcionar comida y comenzaran a formularse pensando específicamente en la fisiología felina.
Miles de años buscando la cena
La historia de la alimentación de los gatos es también la historia de nuestra relación y amistad con ellos.
Durante miles de años, los gatos fueron cazadores que encontraron un lugar conveniente cerca de nuestros hogares. Después compartimos con ellos las sobras de nuestras cocinas. En las ciudades aparecieron personas que recorrían kilómetros diariamente para llevarles carne y, finalmente, la industrialización puso latas y croquetas en nuestras despensas.
Mucho ha cambiado desde los tiempos del cat’s meat man, aunque quizá nuestros gatos no sean tan diferentes. Después de todo, si mañana apareciera un señor empujando un carrito lleno de carne por nuestra calle, probablemente serían los primeros en aprenderse su horario.