Ta-Miu, la gata del príncipe Tutmosis y su lujoso sarcófago

Ta-Miu no fue una gata cualquiera. Fue la acompañante felina del príncipe egipcio Tutmosis y, tras su muerte, recibió un entierro digno de la realeza. Su historia es una de las muchas que muestran el lugar especial que los gatos han ocupado en la vida —y la espiritualidad— humanas desde tiempos antiguos.

Los felinos han ocupado un papel sumamente importante en la historia de la humanidad; es por ello que aquí te contamos más sobre esta historia.

El príncipe Tutmosis es recordado por el sarcófago de piedra caliza de su amada gata Ta-Miu, decorado con jeroglíficos. En la tapa puede apreciarse a la gata sentada ante una mesa con ofrendas llenas de delicias para ella, entre las que se incluyen pan, cerveza, gansos y la pata delantera de un buey. En la parte superior del sarcófago puede verse nuevamente a un gato ante una mesa de ofrendas y una flor de loto, símbolo de resurrección y renacimiento. Pareciera que el príncipe quería que la felina disfrutara incluso más allá de la muerte.

A pesar de que no hay mucha información sobre cómo falleció Ta-Miu, después de su muerte fue momificada. El sarcófago cuenta también parte de la historia del príncipe heredero Tutmosis a través de la iconografía funeraria elegida, pues en el lado derecho aparece la diosa Isis de rodillas sobre un taburete con la forma del jeroglífico nebu (oro), mientras que a la izquierda puede verse a una diosa con dos jarras para verter libaciones.

Relieve del sarcófago de Ta-Miu, gata del príncipe heredero Tutmosis, con representación felina y jeroglíficos tallados en piedra caliza.
Sarcófago de Ta-Miu. Piedra caliza, dinastía XVIII.
Fotografía de Flickr/Larazoni, tomada durante la exposición Pharaon, Homme, Roi, Dieu en el Museo de Bellas Artes de Valenciennes, 2007.

La momificación de gatos en el Antiguo Egipto

Los habitantes del Antiguo Egipto se sentían atraídos por la destreza de los gatos, así como por su capacidad de cuidar y proteger a sus crías. También creían que eran criaturas mágicas que atraían la buena suerte a las personas que las albergaban.

En aquella época existían dos razones principales para momificar a un gato: darle a la mascota un entierro realizado con cariño, como fue en este caso, y por motivos rituales. Las familias con recursos adornaban a los gatos con joyas y los alimentaban con golosinas dignas de la realeza; además, los animales momificados servían como ofrendas rituales a los dioses, especialmente a la diosa felina Bastet. Esta práctica alcanzó su apogeo durante el primer milenio a. C.

En algunas galerías subterráneas eran almacenados animales momificados, en su mayoría gatos, que habían sido utilizados como ofrendas.

Los antiguos egipcios sentían un profundo amor por los felinos y, en algunos casos, eran enterrados junto a ellos, pues se creía que era una forma de llevar a sus mascotas al más allá. En el caso de Ta-Miu, el sarcófago, la momificación y las ofrendas revelan algo más que un ritual: hablan del vínculo afectivo entre un humano y su gata, y del deseo de que ese lazo perdurara incluso después de la muerte.