Tilcayo: el pequeño gato salvaje de Bolivia que resultó ser una especie distinta

En los bosques nublados de los Yungas, una región de valles y montañas situada sobre las laderas orientales de los Andes bolivianos, vive un pequeño gato moteado que durante mucho tiempo pasó inadvertido para la ciencia. No para quienes habitan la región: las comunidades locales ya lo conocían e incluso le daban un nombre: tilcayo.

En 2026, un equipo internacional de investigadores confirmó algo extraordinario. Aquel pequeño felino no era simplemente una población de otro gato silvestre ya conocido, sino una especie distinta. Su nombre científico es Leopardus tilcayo y su descripción se convirtió en la primera de una nueva especie viva de felino en más de un siglo.

Un pequeño gato llamado Tigrino

La historia que ayudó a revelar la identidad de esta especie comenzó años antes. En 2016, un habitante de la región encontró un pequeño felino cerca del bosque. Parecía un gatito doméstico bastante peculiar y durante un tiempo vivió en una casa. Pero conforme crecía, su comportamiento dejaba cada vez más claro que no era un gato doméstico.

Finalmente fue llevado a Senda Verde, un refugio de vida silvestre situado en los Yungas bolivianos. Allí recibió el nombre de Tigrino.

El pequeño gato llamó la atención de la bióloga boliviana Paola Nogales Ascarrunz. Su apariencia no coincidía del todo con la de los gatos tigre conocidos y, con el tiempo, aquella sospecha terminaría dando origen a una investigación mucho mayor.

Un gato escondido entre otros gatos

El tilcayo pertenece al género Leopardus, un grupo de pequeños felinos americanos al que pertenecen también el ocelote, el margay y varios gatos moteados conocidos comúnmente como gatos tigre.

Distinguir a estos pequeños felinos no siempre resulta sencillo. Algunas especies pueden parecer extraordinariamente similares a simple vista, y durante mucho tiempo distintas poblaciones fueron agrupadas bajo las mismas clasificaciones.

Para comprender mejor sus relaciones, investigadores de Bolivia, Brasil y Bélgica analizaron información genética de ejemplares procedentes de distintas regiones de Sudamérica. El estudio incluyó 38 gatos y reveló que la diversidad escondida dentro de este grupo era mucho mayor de lo que se pensaba. Entre ellos estaba el pequeño felino de los Yungas.

Su ADN confirmó que pertenecía a un linaje diferente. Los investigadores estiman que sus antepasados se separaron de los de sus parientes más cercanos hace aproximadamente 1.4 millones de años y finalmente recibió su propio nombre científico: Leopardus tilcayo.

Más pequeño que muchos gatos domésticos

Tilcayo (Leopardus tilcayo) fotografiado en La Senda Verde, Bolivia, en 2026. Foto de Alessandro Verniani, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

El tilcayo es realmente diminuto. El macho estudiado mide aproximadamente 46 centímetros de la cabeza al cuerpo y pesa alrededor de 1.4 kilos, bastante menos que muchos de los gatos que comparten nuestros hogares.

Su pelaje presenta grandes manchas y rosetas oscuras sobre un fondo parduzco, mientras que su rostro pequeño y sus orejas cortas le dan una apariencia particularmente peculiar. Pero todavía sabemos muy poco sobre él.

Las observaciones disponibles sugieren que es principalmente nocturno y el análisis de sus heces ha encontrado restos de pequeños roedores, que probablemente forman parte de su alimentación. Hasta ahora, los investigadores cuentan con observaciones de muy pocos individuos vivos y algunos registros obtenidos mediante cámaras trampa, por lo que incluso su distribución exacta sigue siendo una pregunta abierta.

Tilcayo: un nombre que la ciencia decidió conservar

Quizá una de las partes más bonitas de su historia está en su nombre. Aunque su reconocimiento como especie es nuevo para la ciencia, el animal no lo era para las comunidades de los Yungas. Tilcayo era el nombre utilizado localmente para referirse a este pequeño gato silvestre.

Los investigadores decidieron conservarlo al bautizar a la nueva especie y propusieron incluso mantenerlo como su nombre común en inglés, una manera de reconocer el conocimiento de las comunidades que convivían con el animalito mucho antes de que un análisis genético pudiera darle un lugar propio en el árbol de los felinos.

De hecho, documentos anteriores a su reconocimiento científico ya utilizaban en Bolivia la palabra “tilcayo” para pequeños gatos silvestres que entonces eran clasificados bajo otras especies del género Leopardus. Por eso, decir que el tilcayo fue “descubierto” requiere cierta precisión: el gato ya tenía un hogar y un nombre. Lo que cambió en 2026 fue nuestra comprensión de quién era.

Un nuevo nombre para poder protegerlo

Reconocer una especie no es solamente una cuestión de nombres. Si animales que creíamos pertenecientes a una misma especie son en realidad poblaciones evolutivamente distintas, cada una puede tener una distribución mucho menor y ser más vulnerable de lo que suponíamos.

En el caso del tilcayo, todavía no existen suficientes datos para saber cuántos sobreviven en estado silvestre ni cuál es exactamente su territorio. Los investigadores han comenzado a utilizar cámaras trampa para buscar nuevos individuos y conocer mejor sus hábitos, reproducción y necesidades de hábitat.

Y conocerlo resulta especialmente importante porque su hogar enfrenta numerosas presiones. Los bosques de los Yungas están amenazados por la pérdida y transformación del hábitat, mientras que estos pequeños felinos también pueden entrar en conflicto con las personas cuando se acercan a las aves de corral.

Durante quién sabe cuántas generaciones, pequeños gatos moteados han recorrido silenciosamente estos bosques. Las personas que vivían allí sabían que estaban presentes y los llamaban tilcayos.

Ahora también la ciencia tiene un nombre para ellos: Leopardus tilcayo. Y su reconocimiento nos recuerda que incluso entre animales tan cercanos y familiares como los gatos todavía quedan historias por descubrir.

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