¿Cómo llegaron los gatos a México? La historia de un viaje entre continentes

Hoy forman parte del paisaje cotidiano de México. Los encontramos durmiendo junto a una ventana, caminando por los tejados, tomando el sol en una banqueta o instalándose cómodamente en nuestros sillones. Sin embargo, hubo un tiempo en el que el gato doméstico que conocemos hoy no habitaba en este país.

Aunque existen historias y leyendas sobre posibles gatos domésticos en el México prehispánico —entre ellas la del llamado “gato azteca”—, hasta ahora no existe evidencia sólida de que el gato doméstico (Felis catus) estuviera presente en Mesoamérica antes de la llegada de los europeos.

Esto no significa, por supuesto, que los antiguos habitantes de México no conocieran a los felinos. Jaguares, pumas, ocelotes y otros miembros de esta familia ocuparon un lugar importante tanto en los ecosistemas como en las culturas mesoamericanas. Pero la historia del pequeño gato que hoy comparte nuestros hogares comenzó muy lejos de aquí.

Para seguir sus pasos hasta México hay que viajar miles de años hacia el pasado y, finalmente, cruzar el océano.

Una historia que comenzó hace miles de años

Durante mucho tiempo se pensó que los gatos habían sido domesticados por los antiguos egipcios hace unos 5,000 años. Hoy sabemos que la historia comenzó mucho antes.

Los estudios genéticos y arqueológicos sitúan los primeros vínculos estrechos entre humanos y los antepasados del gato doméstico en el Cercano Oriente, asociados al desarrollo de las primeras comunidades agrícolas.

Hace alrededor de 10,000 años, el almacenamiento de cereales comenzó a atraer ratones y otros pequeños animales hacia los asentamientos humanos. Los gatos monteses de la región encontraron allí una nueva fuente de alimento.

Probablemente no hubo un momento concreto en el que una persona decidiera “domesticar” al gato. Más bien comenzó una relación beneficiosa para ambas partes: los gatos encontraron alimento cerca de los asentamientos y los humanos obtuvieron unos eficaces cazadores de roedores.

Con el paso de miles de años, esta convivencia transformaría al gato montés africano y del Cercano Oriente (Felis silvestris lybica) en el compañero que hoy conocemos.

Egipto y la expansión del gato

Egipto sí desempeñó un papel fundamental en esta historia, aunque no haya sido necesariamente el lugar donde comenzó la domesticación.

Los gatos llegaron a ocupar un espacio extraordinario dentro de la sociedad egipcia. Aparecieron en pinturas y objetos; fueron asociados con divinidades y también formaron parte de la vida doméstica.

Investigaciones realizadas mediante ADN antiguo han demostrado que poblaciones de gatos procedentes tanto del Cercano Oriente como de Egipto contribuyeron a la expansión del gato doméstico.

A medida que las personas comerciaban, migraban y viajaban, los gatos comenzaron a viajar con ellas.

Y había un lugar en el que resultaban especialmente útiles: los barcos.

Gatos a bordo

Mucho antes de llegar a América, los gatos se habían convertido en compañeros habituales de comerciantes y navegantes.

Los barcos transportaban alimentos y mercancías durante viajes que podían durar semanas o meses. Pero junto con aquellas provisiones viajaban también visitantes mucho menos deseados: ratones y ratas capaces de consumir o contaminar los alimentos y dañar otros materiales almacenados a bordo.

Los gatos ofrecían una solución natural.

Su habilidad como cazadores hizo que acompañaran a las personas a través de rutas marítimas y comerciales durante siglos. De esta manera, los felinos fueron llegando a lugares que jamás habrían alcanzado por sí solos.

Los estudios genéticos sobre su expansión muestran precisamente ese patrón: las poblaciones de gatos siguieron muchas de las mismas rutas de comercio, migración y navegación utilizadas por los seres humanos.

Siglos después, esas rutas los llevarían todavía más lejos.

El gato cruza el Atlántico

Gato doméstico caminando por una playa junto al mar.

Cuando los barcos europeos comenzaron a cruzar regularmente el Atlántico a finales del siglo XV y a principios del XVI, los gatos también hicieron el viaje.

No conocemos la identidad del primer gato que pisó América —y probablemente nunca la conoceremos—. Incluso se ha planteado que algunos pudieron viajar en las expediciones de Cristóbal Colón, aunque no existen documentos que lo confirmen.

La evidencia arqueológica, sin embargo, demuestra que los gatos aparecieron muy pronto en los asentamientos europeos del continente.

Se han encontrado restos de gatos en contextos posteriores a 1492 en el Caribe y en asentamientos del siglo XVI de lugares como Santo Domingo, Cuba y Venezuela. El Caribe probablemente funcionó como uno de los principales puntos desde los cuales estos primeros gatos de origen europeo comenzaron a extenderse por otras regiones de América.

Y eventualmente llegaron también al territorio que hoy conocemos como México.

La llegada de los gatos a México

Determinar exactamente cuándo llegó el primer gato doméstico a México es complicado. Los registros históricos rara vez prestaban atención a un animal tan cotidiano y la evidencia arqueológica todavía es limitada.

Sin embargo, investigaciones recientes sobre la dispersión del gato doméstico en América han identificado restos de gatos en contextos coloniales de la Ciudad de México.

Esto coincide con lo que sabemos sobre la expansión de los gatos por el continente: viajaban junto con las personas, los alimentos, los animales domésticos y las mercancías que circulaban por las nuevas rutas marítimas y terrestres establecidas durante el periodo colonial.

Pero probablemente no existió una única llegada.

Los gatos pudieron entrar al territorio de Nueva España desde el Caribe y directamente desde Europa en diferentes momentos. Incluso existe la posibilidad de que algunos llegaran posteriormente a la costa del Pacífico a través de las rutas comerciales que conectaban Acapulco con Filipinas mediante el Galeón de Manila.

Más que un solo viaje, la llegada del gato a México parece haber formado parte de un proceso continuo de movimiento de personas y animales a través del mundo.

De los puertos a las ciudades

Una vez en territorio novohispano, los gatos encontraron condiciones muy parecidas a las que habían favorecido su convivencia con los humanos miles de años antes.

Había casas, almacenes, mercados, cocinas, graneros y barcos cargados de alimentos. Y donde había alimentos almacenados, también había roedores.

Los gatos podían vivir cerca de las personas sin depender completamente de ellas. Su capacidad para cazar y adaptarse a distintos ambientes facilitó su expansión por ciudades y poblaciones.

Con el paso de las generaciones, aquellos primeros gatos y los que continuaron llegando desde otros lugares dieron origen a las diversas poblaciones de gatos domésticos que encontramos actualmente en México.

La genética de los gatos modernos conserva incluso una huella de aquellos movimientos históricos: las poblaciones de gatos de América muestran una fuerte relación genética con las de Europa occidental, reflejo de las migraciones humanas que atravesaron el Atlántico durante los últimos siglos.

Una historia paralela a la nuestra

La historia del gato doméstico es también una historia de movimientos humanos.

Los gatos siguieron a las primeras comunidades agrícolas, recorrieron antiguas rutas comerciales, navegaron por el Mediterráneo y cruzaron océanos. No conquistaron nuevos territorios mediante grandes migraciones propias: viajaron junto a nosotros.

México no fue la excepción.

Los gatos domésticos que comenzaron a llegar durante el periodo colonial ocuparon un lugar muy diferente al de los grandes felinos que habían formado parte de las culturas mesoamericanas durante siglos. Eran pequeños, adaptables y excelentes cazadores, capaces de encontrar rápidamente un lugar dentro de los nuevos entornos urbanos.

Con el tiempo dejaron de ser simplemente útiles compañeros contra los roedores. Entraron en las casas, aparecieron en fotografías familiares, se instalaron en patios y ventanas y terminaron ocupando ese extraño lugar que los gatos conocen tan bien: a medio camino entre la independencia absoluta y la vida profundamente ligada a los seres humanos.

Hoy parece imposible imaginar México sin ellos. Pero detrás de cada gato que duerme tranquilamente en un sillón hay una historia que comenzó hace miles de años y recorrió continentes enteros antes de llegar hasta aquí.

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