El gato siamés: una historia que comenzó en Tailandia

Con sus ojos azules, su pelaje claro y las características zonas oscuras alrededor del rostro, las orejas, las patas y la cola, el gato siamés es una de las razas más reconocibles del mundo. Pero mucho antes de convertirse en un gato popular en Europa y América, su historia ya estaba ligada a la cultura del antiguo Siam, la actual Tailandia.

Algunos gatos similares a los antepasados del siamés aparecen en antiguos manuscritos tailandeses conocidos como Tamra Maew, o “Poemas del libro de los gatos”, una tradición de textos ilustrados en los que se describían distintos tipos de gatos y las cualidades que se les atribuían.

Entre ellos aparece el Wichianmat, considerado antepasado del gato siamés que conocemos actualmente.

Los gatos de Siam

La tradición de los Tamra Maew se remonta al antiguo reino de Ayutthaya, que existió entre los siglos XIV y XVIII, aunque los manuscritos que han llegado hasta nuestros días pertenecen a diferentes épocas.

En sus páginas aparecen distintos tipos de gatos asociados con la buena fortuna, la prosperidad y otras cualidades favorables, junto con algunos considerados de mal augurio.

Entre los gatos descritos se encuentra el Wichianmat. Su aspecto resulta familiar incluso siglos después: un cuerpo relativamente claro acompañado de zonas más oscuras en el rostro, las orejas, las patas y la cola.

Wichianmat, antepasado del actual gato siamés, representado en un manuscrito tailandés Tamra Maew. Estos antiguos textos describían distintos tipos de gatos y las cualidades asociadas con ellos.

Alrededor de estos gatos surgieron numerosas historias. En Occidente llegaron a ser conocidos como los “gatos reales de Siam” y se difundieron relatos que los vinculaban con la familia real y los templos. Sin embargo, no existe evidencia histórica suficiente para afirmar que fueran exclusivamente gatos de la realeza.

Estas historias sí nos muestran algo interesante: cuando el siamés comenzó a conocerse fuera de Tailandia, ya estaba rodeado de una imagen de misterio y exotismo que contribuiría a su enorme popularidad.

De Siam a Europa

A partir de la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a aparecer registros de gatos siameses en Gran Bretaña.

En 1871, una pareja perteneciente a un hombre identificado como Mr. Maxwell fue presentada en el primer gran show felino celebrado en el Crystal Palace de Londres. Para el público británico, aquellos gatos procedentes de Siam eran todavía una verdadera rareza.

Poco más de una década después comenzó otro capítulo importante de su historia.

En 1884, Edward Blencowe Gould, quien trabajaba como cónsul británico en Bangkok, obtuvo una pareja de gatos siameses llamados Pho y Mia y los envió a Inglaterra para su hermana, Lilian Gould.

Pho y Mia tuvieron tres gatitos, y la familia fue presentada en una exposición felina del Crystal Palace en 1885. Aunque aquellos primeros años de cría fuera de Tailandia no siempre fueron fáciles, los descendientes de los gatos importados de Siam ayudaron a establecer la raza en Gran Bretaña.

Con el tiempo, estos gatos comenzaron a aparecer en otros países y terminaron convirtiéndose en una de las razas felinas más conocidas internacionalmente.

Del antiguo siamés al gato moderno

Los primeros gatos siameses que aparecen en fotografías e ilustraciones occidentales tenían una apariencia algo diferente de muchos de los ejemplares que vemos actualmente.


Gato siamés en una ilustración de 1890. Su apariencia permite observar el tipo menos estilizado que caracterizaba a muchos de los primeros siameses conocidos en Occidente. Ilustración: Campwillowlake/iStock.

Sus cuerpos eran menos alargados, sus cabezas más redondeadas y sus orejas proporcionalmente más pequeñas. Durante el siglo XX, la cría selectiva en Occidente fue favoreciendo gatos cada vez más esbeltos, con patas largas, orejas grandes y una característica cabeza triangular.

Con el tiempo surgió también un interés por conservar el aspecto de aquellos primeros siameses. De ahí procede el desarrollo moderno del gato Thai, una raza relacionada estrechamente con el siamés pero criada para mantener una apariencia más cercana al tipo tradicional.

Mientras tanto, en Tailandia, el Wichianmat forma parte de una tradición felina mucho más antigua que las razas desarrolladas posteriormente en Occidente.

Un pelaje que responde a la temperatura

Una de las características más fascinantes del siamés se encuentra precisamente en su color.

Los característicos “puntos” oscuros del rostro, las orejas, las patas y la cola están relacionados con una variante del gen TYR, responsable de producir la enzima tirosinasa, necesaria para la formación de melanina.

En los gatos siameses, la actividad de esta enzima es sensible a la temperatura. En las partes más cálidas del cuerpo se produce menos pigmento, mientras que las zonas ligeramente más frías desarrollan una coloración más oscura.

Por eso las extremidades, las orejas y el rostro contrastan con el resto del cuerpo.

Esta particularidad también explica algo especialmente curioso: los gatitos siameses nacen muy claros.

Durante su desarrollo antes de nacer permanecen a una temperatura cálida y relativamente uniforme. Después del nacimiento, las distintas zonas de su cuerpo quedan expuestas a temperaturas diferentes y los puntos característicos comienzan a hacerse visibles gradualmente.

La temperatura ambiental puede incluso influir en cierta medida en la intensidad de su coloración.

Los colores del siamés

Los gatos siameses presentan un cuerpo claro que contrasta con los puntos de color más oscuro del rostro, las orejas, las patas y la cola.

Aunque solemos imaginar al siamés con un cuerpo crema y marcas marrón oscuro, existen varias coloraciones tradicionales.

El seal point presenta puntos de color marrón muy oscuro sobre un cuerpo claro. En el blue point, las marcas adquieren tonos gris azulados, mientras que el chocolate point combina un cuerpo marfil con puntos marrones más claros. El lilac point, por su parte, presenta puntos de un gris muy pálido con matices rosados.

En todos ellos permanecen dos de las características que hicieron famoso al siamés: el contraste de sus puntos de color y sus intensos ojos azules.

Un gato con mucho que decir

El siamés también es conocido por su personalidad.

Suele ser un gato activo, curioso y sociable, que busca la compañía y disfruta participando en lo que ocurre a su alrededor. Y, sobre todo, es famoso por ser muy vocal.

Los siameses pueden utilizar una sorprendente variedad de sonidos para comunicarse y algunos parecen mantener auténticas conversaciones con las personas con quienes viven. Su voz, a veces fuerte y particularmente expresiva, se ha convertido en otra de las características inseparables de estos gatos.

Una historia de varios siglos

La apariencia del gato siamés ha cambiado con el tiempo, especialmente después de su llegada a Occidente. Sin embargo, detrás del gato de ojos azules que conocemos actualmente existe una historia mucho más antigua.

Desde los gatos representados en los Tamra Maew del antiguo Siam hasta aquellos primeros ejemplares que sorprendieron al público del Crystal Palace, la historia del siamés atraviesa siglos, culturas y continentes.

Y quizá ahí se encuentre parte de su fascinación. Detrás de sus ojos azules y su peculiar pelaje permanece una historia que comenzó mucho antes de que el siamés se convirtiera en uno de los gatos más reconocibles del mundo.