
Dos gatos se concentran alrededor de un ovillo de lana roja. Uno se agacha y extiende una pata hacia el estambre, mientras el otro parece dispuesto a apropiarse del nuevo juguete.
En Gatos jugando, el pintor sueco Vilhelm Oskar Engström convirtió uno de los comportamientos más reconocibles de los gatos en una pequeña escena llena de movimiento. No hacen falta personas ni una gran ambientación: dos gatos, un ovillo y unos cuantos centímetros de estambre son suficientes para que sepamos exactamente qué está ocurriendo.
La obra
La escena es sencilla. Sobre una superficie gris, dos gatos atigrados juegan con un ovillo de lana roja parcialmente desenrollado. Detrás de ellos, un fondo verde oscuro y una pared clara mantienen la composición prácticamente libre de distracciones.
El rojo intenso del estambre se convierte en el principal punto de color de la obra. El ovillo está entre ambos gatos, mientras el hilo se extiende hacia la pata del gato de la izquierda. En primer plano aparece también parte del tejido, todavía unido al estambre, como si los gatos se hubieran apropiado de un tejido sin terminar que alguien dejó a su alcance.
Pero son las posturas de los gatos las que dan movimiento a la escena. Uno permanece casi pegado al suelo, con una pata extendida; el otro se inclina sobre el ovillo con la cola levantada. La obra parece capturar no una pose, sino un instante dentro del juego.
La técnica también resulta interesante. Según una descripción de la obra, Engström combinó acuarela, gouache, tinta china y lápiz sobre lienzo, utilizando distintos materiales para construir la escena.
El artista
Vilhelm Oskar Engström (1830–1877) fue un pintor sueco dedicado especialmente a las escenas de género y las representaciones de animales.
Antes de dedicarse plenamente al arte, trabajó en una oficina comercial en Estocolmo. Entre 1862 y 1865 estudió en la Academia de Bellas Artes de Estocolmo y, posteriormente, participó en varias exposiciones de esta institución.
En 1872 se trasladó a Düsseldorf, uno de los centros artísticos europeos más importantes del siglo XIX, donde permaneció hasta su muerte en 1877. Además de animales y escenas de género, realizó paisajes y otras escenas de la vida cotidiana.
Los gatos en la composición
Aquí no hay duda de quiénes son los protagonistas.
Engström concentra nuestra atención en los cuerpos de los dos gatos y, especialmente, en sus posturas. Las patas extendidas, las cabezas bajas y las colas levantadas transmiten esa mezcla de concentración y excitación tan característica del juego felino.
También hay una pequeña tensión entre ambos. El ovillo se encuentra junto al gato de la derecha, pero el hilo llega hasta el de la izquierda. Los dos parecen participar en el mismo juego, aunque no necesariamente con las mismas intenciones.
El color contribuye mucho a la escena. Frente a los tonos grises, marrones y verdes que dominan la obra, el rojo del ovillo y del tejido atrae inmediatamente la mirada y crea una línea visual que conecta a los dos gatitos.
Curiosidades
- Engström comenzó sus estudios formales de arte relativamente tarde. Ingresó en la Academia de Bellas Artes de Estocolmo en 1862, cuando tenía alrededor de 32 años, y estudió allí hasta 1865.
- El artista pasó los últimos años de su vida en Düsseldorf. Se instaló allí en 1872 y permaneció en la ciudad hasta su muerte en 1877.
- La inscripción de la obra no resulta completamente legible. Una descripción de la pieza registra que está firmada y fechada de manera indistinta con “-75”, lo que permite situarla en 1875, dos años antes de la muerte del artista.
🖼️ Ficha de la obra
Título: Gatos jugando
Artista: Vilhelm Oskar Engström (1830–1877)
Fecha: 1875
Técnica: Acuarela, gouache, tinta china y lápiz sobre lienzo
Dimensiones: 31 × 52 cm
País: Suecia
Una mirada más
Hay escenas que no necesitan demasiada explicación. Casi 150 años después de que Engström realizara la escena, cualquiera que haya visto a dos gatos descubrir una bola de estambre reconoce de inmediato lo que está sucediendo.
Quizá esa sea una de las cosas más bonitas de esta obra: no necesitamos conocer los nombres de estos gatos ni saber en qué casa vivían para reconocer su comportamiento.
El mundo alrededor ha cambiado muchísimo desde 1875, pero la emoción de los gatos frente a un ovillo de lana, aparentemente, no tanto.