Nellie Campobello y su amor por los gatos

Nellie Campobello ocupa un lugar singular en la cultura mexicana del siglo XX. Escritora, bailarina, coreógrafa y maestra, fue una figura fundamental tanto para la literatura como para el desarrollo de la danza en México. Sin embargo, lejos de los libros y los escenarios, existía otra faceta mucho más cotidiana de su vida: su enorme cariño por los animales y, especialmente, por los gatos.

En su casa llegaron a vivir decenas de ellos. No eran simplemente animales que compartían el espacio con la escritora. Los testimonios de personas cercanas a Campobello describen toda una pequeña comunidad felina, con nombres especiales, cómodos lugares para dormir y cuidados individuales.

Una figura fundamental de la cultura mexicana

Nellie Campobello nació el 7 de noviembre de 1900 en Villa Ocampo, Durango. Su nombre era María Francisca Moya Luna y pasó parte de su infancia en el norte de México durante los años de la Revolución Mexicana.

Aquellas experiencias se convertirían posteriormente en materia de su obra literaria. En 1931 publicó Cartucho. Relatos de la lucha en el norte de México, probablemente su libro más conocido, construido a partir de breves relatos que recuperan recuerdos, personajes y escenas de aquellos años desde una perspectiva profundamente personal.

También fue autora de Las manos de mamá (1937), Apuntes sobre la vida militar de Francisco Villa (1940) y varios libros de poesía. Actualmente se le reconoce como una de las voces más originales de la literatura mexicana del siglo XX.

Su trayectoria, sin embargo, no estuvo limitada a las letras. Campobello fue bailarina, coreógrafa e investigadora de las danzas tradicionales mexicanas. Dirigió durante décadas la Escuela Nacional de Danza y desempeñó un papel importante en el desarrollo y la profesionalización de esta disciplina en México. Mientras desarrollaba esta intensa vida artística, en casa la esperaba una familia bastante diferente.

Una casa llena de gatos

Los testimonios recogidos años después sobre la vida de Nellie Campobello revelan hasta qué punto los gatos formaban parte de su vida cotidiana. En 1999, el periódico La Jornada publicó una serie de testimonios de personas que la habían conocido. Uno de ellos recordaba que Campobello recogía animales de la calle: algunos permanecían con ella y otros eran enviados a su rancho. En algún momento llegó a tener 28 gatos.

La organización para cuidar semejante familia felina era considerable. Cada gato tenía una pequeña canasta para dormir identificada con su nombre. Campobello utilizaba telas de sábanas, sobrecamas y otras prendas para mantenerlas acondicionadas, y una persona de la casa ayudaba a alimentar a los gatos y acostarlos.

Sus platos se colocaban alrededor del patio y los animales podían desplazarse libremente por la casa. Incluso las camas de Nellie eran territorio compartido: según aquellos recuerdos, colocaba periódicos sobre ellas para que los gatos pudieran echarse ahí tranquilamente.

Cada uno de sus gatos era importante

Campobello estaba pendiente de la salud de sus animales. Si alguno dejaba de comer, llamaba al veterinario porque temía que estuviera enfermo. Cuando alguna gata tenía crías, también procuraba que recibiera atención y preparaba un espacio tranquilo para ella y sus gatitos. Las personas que entraban en aquellos cuartos debían hacerlo con cuidado para no molestarlos.

Su cariño también se manifestaba cuando alguno de sus gatos fallecía. Los testimonios recuerdan que Nellie sufría profundamente estas pérdidas y que incluso faltaba al trabajo durante esos días.

Uno de aquellos gatos se llamaba Papis y era recordado como el fundador de toda una “dinastía” felina. Cuando murió, Campobello pidió que le fabricaran una caja especial para enterrarlo.

Presentaba a sus gatos, uno por uno

Irene Matthews, quien posteriormente escribiría una importante biografía de Campobello, dejó además una pequeña escena que permite imaginar mejor cómo convivía la escritora con sus animales.

Matthews conoció personalmente a Nellie y la visitó en su casa alrededor de 1980. Años después recordó a una mujer alegre, cortés y elegante que la recibió con entusiasmo. Durante aquella visita, Campobello le mostró su casa y sus fotografías, y también le presentó a sus gatos, no como un conjunto anónimo de animales que casualmente vivían allí, sino uno por uno.

El detalle parece pequeño frente a una trayectoria dedicada a la literatura y la danza, pero revela algo entrañable de su vida privada: aquellos gatos tenían identidades propias y formaban parte del mundo que Nellie quería mostrar a sus visitantes.

Los animales también aparecieron en su escritura

La presencia de los animales tampoco quedó completamente separada de su obra. En la poesía de Campobello aparecen perros, pájaros y gatos dentro de escenas llenas de movimiento. No resulta extraño en una autora cuya escritura estuvo tan vinculada al cuerpo, al ritmo, a la infancia y a la danza.

Su escritura, como su danza, surgía de una manera profundamente personal de observar y recordar el mundo, y dentro de ese mundo también estaban los animales.

Un refugio para sus gatos

Tal vez el testimonio que mejor resume la relación de Nellie con sus gatos sea uno de los deseos que expresó respecto a su futuro. Según una persona cercana a ella entrevistada por La Jornada, Campobello llegó a decir que quería dejar su herencia para crear un lugar donde sus gatos pudieran vivir cuando ella ya no estuviera.

No sabemos hasta qué punto llegó a desarrollar realmente aquel proyecto, por lo que sería exagerado hablar de un refugio formalmente planeado. Pero el comentario muestra una preocupación muy concreta: qué sería de los animales que dependían de ella después de su muerte. Su deseo, finalmente, no llegó a cumplirse.

Los últimos años de Nellie Campobello estuvieron marcados por circunstancias trágicas. Desapareció de la vida pública durante la década de 1980 y posteriormente se descubrió que había muerto en 1986. Durante años, su desaparición y las circunstancias que rodearon sus últimos días llegaron a eclipsar buena parte de su trayectoria artística.

Con el tiempo comenzó también una recuperación de aquello que verdaderamente había definido su vida: su obra. Hoy Nellie Campobello es nuevamente reconocida como una de las grandes figuras de la cultura mexicana del siglo XX. Su nombre permanece ligado a Cartucho y a la historia de la danza mexicana.

Entre los testimonios que permiten acercarnos a la mujer detrás de esa enorme trayectoria queda también una imagen mucho más íntima: Nellie caminando por una casa llena de gatos, sabiendo sus nombres, preparando sus canastas, preocupándose cuando alguno no quería comer y presentándolos, uno por uno, a quienes llegaban a visitarla.

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