Cuando pensamos en el antiguo Egipto, una de las imágenes más reconocibles es la de los gatos. Aunque suele decirse que los egipcios “adoraban a los gatos”, la realidad es un poco más compleja. Los felinos eran animales sagrados y muy respetados, estrechamente asociados con varias divinidades, entre ellas Bastet, una de las diosas más importantes del panteón egipcio.
¿Quién era Bastet?
Bastet era la diosa del hogar, la protección, la fertilidad, el parto y los gatos. Se le atribuía la protección de las viviendas frente a enfermedades y fuerzas malignas, especialmente de mujeres y niños. En algunos textos religiosos aparece también relacionada con la protección de las personas fallecidas durante su tránsito al más allá.
Según la mitología egipcia, Bastet era hija del dios solar Ra y estaba vinculada al concepto del Ojo de Ra, una poderosa manifestación de la energía protectora —y, en ocasiones, destructiva— del dios. También se relaciona con el mito de la llamada “Diosa Distante”, una deidad que abandona a Ra y cuyo regreso simboliza el restablecimiento del orden.
El origen de su nombre no se conoce con certeza. A lo largo de la historia aparece escrito de distintas formas, como B’sst, Bast o Bastet. Una de las teorías propone que significa “la del frasco de ungüento”, debido a su relación con los perfumes, aceites y cosméticos. También fue asociada con Nefertum, dios de los perfumes y las fragancias, a quien algunas tradiciones consideraban su hijo.
¿Por qué los gatos eran tan importantes?
Además de su significado religioso, los gatos desempeñaban un papel muy práctico en la vida cotidiana del antiguo Egipto. Protegían las reservas de grano al controlar poblaciones de ratones y otras plagas, y también ayudaban a mantener alejadas serpientes y otros animales peligrosos.
Con el tiempo, esta utilidad cotidiana reforzó su asociación con Bastet y convirtió a los gatos en símbolos de protección, prosperidad y armonía dentro del hogar.
El culto a Bastet
El culto a Bastet fue especialmente popular desde la Dinastía II de Egipto (ca. 2890-2670 a. C.). Su principal centro de veneración fue la ciudad de Bubastis, en el delta del Nilo, que llegó a convertirse en uno de los lugares religiosos más importantes del país.
Cada año miles de peregrinos acudían a Bubastis para celebrar festivales dedicados a la diosa. El historiador griego Heródoto describió estas festividades como unas de las más concurridas y alegres de Egipto, con procesiones por el Nilo, música, danza y ofrendas.
Muchas personas también llevaban a enterrar allí a sus gatos momificados como ofrendas religiosas. Los arqueólogos han encontrado millones de momias de gatos en antiguos templos y necrópolis, un testimonio de la enorme importancia que tuvo Bastet durante siglos.
Bastet y la invasión persa
Existe un famoso relato, atribuido a Heródoto, según el cual el rey persa Cambises II aprovechó el profundo respeto que los egipcios sentían por Bastet y por los animales sagrados durante la invasión de Egipto en el año 525 a. C.
Algunas versiones cuentan que los soldados persas llevaban imágenes de la diosa en sus escudos o incluso utilizaban gatos durante la batalla para desalentar el ataque de los egipcios. Aunque esta historia se ha vuelto muy popular, los historiadores no han podido confirmarla con certeza.
De leona a gata doméstica
La representación de Bastet cambió con el paso del tiempo. En las primeras etapas de la historia egipcia solía aparecer como una mujer con cabeza de leona, reflejando un aspecto más guerrero y cercano a la diosa Sekhmet.
Con el tiempo comenzó a representarse con cabeza de gata doméstica, resaltando su carácter protector, maternal y benevolente. Ambas diosas compartían ciertos atributos y probablemente derivaban de antiguas tradiciones religiosas relacionadas con los grandes felinos.
Más tarde, Maahes, representado como un hombre con cabeza de león o simplemente como un león, también pasó a formar parte de este conjunto de divinidades felinas.
Bastet en otras culturas
Los antiguos griegos identificaron a Bastet con Artemisa debido a sus funciones protectoras y a su relación con la naturaleza. Como Artemisa era hermana gemela de Apolo, algunos autores griegos establecieron paralelismos con otras divinidades egipcias, aunque estas asociaciones pertenecen a la interpretación griega y no a la tradición egipcia original.
Un símbolo que ha perdurado
A lo largo de más de dos mil años, Bastet ocupó un lugar destacado en la religión egipcia. Su imagen evolucionó desde una poderosa leona protectora hasta la amable diosa con cabeza de gata que hoy conocemos.
Más allá de la mitología, Bastet refleja la estrecha relación que los antiguos egipcios desarrollaron con los gatos, animales que protegían sus hogares y cosechas y que, con el tiempo, llegaron a convertirse en uno de los símbolos más reconocibles de esta fascinante civilización.