Durante siglos han acompañado a marineros en largas travesías, han dormido entre los sacos de grano de antiguos almacenes, han inspirado a artistas y escritores, y han encontrado un lugar en millones de hogares alrededor del mundo. Aunque muchas veces pasan desapercibidos por no pertenecer a una raza específica, los gatos criollos son, probablemente, los felinos domésticos con la historia más larga y diversa.
Cada uno tiene una combinación distinta de colores, un carácter propio y una historia irrepetible. Tal vez esa sea su mayor virtud: no existen dos iguales.
Pero ¿qué es exactamente un gato criollo? ¿De dónde viene? ¿Y por qué son tan comunes en prácticamente todos los países? Su historia comenzó mucho antes de que existieran las razas felinas que conocemos hoy.
Una historia escrita junto a las personas
Los científicos creen que todos los gatos domésticos actuales descienden del Felis lybica, el gato salvaje africano. Hace alrededor de 9,000 años, estos pequeños felinos comenzaron a acercarse a los primeros asentamientos humanos atraídos por los roedores que encontraban cerca de los graneros.
Con el tiempo, esa cercanía benefició a ambos. Los gatos encontraban alimento y refugio, mientras ayudaban a mantener bajo control las poblaciones de ratones y otros pequeños animales que amenazaban las cosechas.
A diferencia de los perros, cuya domesticación fue impulsada por las personas, los gatos conservaron gran parte de su independencia. Más que ser domesticados, fueron estableciendo una relación de convivencia con los humanos que se fortaleció de manera gradual a lo largo de miles de años.
Viajeros inesperados
Conforme las rutas comerciales crecieron, los gatos comenzaron a viajar junto a comerciantes y marineros. Su presencia en los barcos era especialmente valiosa, ya que ayudaban a proteger los alimentos de las ratas durante las largas travesías.
Gracias a esos viajes llegaron a nuevos continentes y se establecieron en puertos, ciudades y comunidades muy alejadas entre sí. Durante la época colonial también arribaron a América, donde comenzaron a reproducirse libremente con otros gatos.
Generación tras generación, esa mezcla natural dio origen a una enorme diversidad de felinos. Hoy conocemos a esa población como gatos criollos: gatos sin una raza específica, pero con una historia compartida que lleva miles de años desarrollándose junto a las personas.
¿Qué significa que un gato sea criollo?
Cuando hablamos de un gato criollo, no nos referimos a una raza, sino justamente a lo contrario.
Es un gato cuya apariencia no ha sido determinada mediante programas de crianza selectiva. Su tamaño, color, longitud del pelaje y otras características son el resultado de la diversidad genética acumulada a lo largo de generaciones.
Por eso podemos encontrar gatos criollos completamente negros, blancos, atigrados, naranjas, carey, tricolores o con combinaciones de colores tan particulares que parecen imposibles de repetir. Lo mismo ocurre con su personalidad: algunos disfrutan dormir durante horas al sol, otros son exploradores incansables y muchos desarrollan un fuerte vínculo con las personas que forman parte de su vida.
La diversidad también es una fortaleza
Una de las características más interesantes de los gatos criollos es precisamente su diversidad genética.
Al no provenir de líneas de reproducción cerradas, suelen presentar un menor riesgo de desarrollar algunas enfermedades hereditarias asociadas con determinadas razas. Sin embargo, esto no significa que sean inmunes a las enfermedades. Como cualquier gato, necesitan una alimentación equilibrada, revisiones veterinarias periódicas, vacunas, desparasitación y un entorno seguro para disfrutar de una vida larga y saludable.
Con los cuidados adecuados, muchos gatos criollos pueden vivir 15 años o incluso más.
Algunos mitos sobre los gatos criollos
Con el paso del tiempo han surgido muchas ideas equivocadas sobre los gatos criollos.
Una de las más comunes es pensar que, por no pertenecer a una raza, son “gatos comunes”. En realidad, ocurre todo lo contrario: su enorme diversidad hace que cada uno sea diferente tanto en apariencia como en comportamiento.
También existe la creencia de que todos los gatos criollos son ariscos o independientes. Como sucede con cualquier otro gato, su personalidad depende de múltiples factores, entre ellos sus primeras experiencias, la socialización que recibieron y el ambiente en el que crecieron.
No hay una forma de ser que defina a todos los gatos criollos.
Una segunda oportunidad
En muchos países, los gatos criollos son también quienes con mayor frecuencia esperan una familia en refugios y asociaciones de rescate.
Adoptar uno significa mucho más que llevar un gato a casa. Es ofrecer una oportunidad a un animal que la necesita y descubrir que el cariño no entiende de pedigrís.
Quienes conviven con gatos criollos suelen coincidir en algo: cada uno tiene una personalidad imposible de repetir. Algunos son conversadores, otros silenciosos; algunos siguen a sus humanos por toda la casa y otros prefieren demostrar su afecto de formas más discretas.
Quizá esa sea una de las razones por las que tantas personas terminan enamorándose de ellos.
Compañeros desde hace miles de años
Los gatos criollos nunca fueron creados para cumplir un estándar de belleza. Su historia se escribió de una forma mucho más sencilla: acompañando a las personas.
Han recorrido océanos a bordo de barcos, protegido cosechas, inspirado fotografías, pinturas y relatos, y compartido la vida cotidiana de millones de familias durante generaciones.
Tal vez nunca aparezcan en los catálogos de razas felinas. Pero llevan miles de años haciendo algo mucho más importante: encontrar un lugar en nuestros hogares y recordarnos que, muchas veces, lo más extraordinario nace de la diversidad.