Los gatos y el Día de Muertos: historia, ofrendas y tradiciones

Cada año, entre finales de octubre y principios de noviembre, miles de hogares mexicanos se llenan de flores de cempasúchil, veladoras, fotografías y alimentos preparados para recibir la visita de nuestros familiares y amigos que ya no están. El Día de Muertos es una de las celebraciones más reconocidas de México, una tradición en la que la memoria de los difuntos ocupa un lugar central.

En años recientes, las ofrendas también han comenzado a reservar un espacio para otros miembros de la familia: nuestros animales de compañía. Fotografías de perros y gatos, juguetes, recipientes con agua y pequeños objetos personales se incorporan a los altares como una manera de recordar a quienes compartieron nuestra vida cotidiana.

Pero ¿desde cuándo se incluye a los animales en las ofrendas? ¿Y de dónde viene la creencia de que sus almas regresan a visitarnos el 27 de octubre?

Para entenderlo, vale la pena recorrer un poco de historia.

Los animales y la muerte en el México prehispánico

La relación entre los animales y las creencias sobre la muerte tiene antecedentes muy antiguos en el territorio que hoy conocemos como México.

Entre los mexicas, los perros ocupaban un lugar especial en las concepciones sobre el viaje al mundo de los muertos. Según una de sus creencias, quienes fallecían por causas naturales debían emprender un largo recorrido hasta el Mictlán, el destino de los difuntos gobernado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl.

Durante ese viaje, las almas tenían que atravesar diversos obstáculos, entre ellos un río que solo podían cruzar con la ayuda de un perro.

Una de las versiones de esta tradición cuenta que los perros de color bermejo, es decir, rojizo, eran los que aceptaban ayudar a los difuntos a cruzar las aguas. De esta manera, el animal aparecía no solo como compañero de los vivos, sino también como guía en el tránsito hacia la muerte.

Los perros tuvieron, además, una presencia importante en distintas prácticas funerarias mesoamericanas. Sin embargo, estas creencias no deben confundirse con la costumbre contemporánea de preparar ofrendas para recordar a nuestras mascotas.

En cuanto a los gatos domésticos, su historia en México es diferente. Estos animales no formaban parte de la fauna doméstica del México prehispánico, sino que fueron introducidos durante la época colonial. Por lo tanto, no existe una tradición mexica equivalente que los sitúe como guías de las almas hacia el Mictlán.

Su incorporación a las ofrendas pertenece a una etapa mucho más reciente de nuestra relación con ellos.

Una celebración que ha cambiado a lo largo de los siglos

Aunque el Día de Muertos suele asociarse directamente con las culturas prehispánicas, la celebración actual es resultado de un largo proceso histórico en el que confluyeron diferentes tradiciones indígenas y europeas.

Las festividades católicas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, celebradas el 1 y 2 de noviembre, llegaron a México durante el siglo XVI. Con el paso del tiempo, estas conmemoraciones se encontraron con las distintas prácticas indígenas dedicadas a los muertos.

De esa convivencia surgieron numerosas expresiones regionales que continuaron transformándose durante los siglos siguientes.

Las ofrendas domésticas, las visitas a los cementerios, los alimentos, las flores y otros elementos que hoy asociamos con el Día de Muertos tienen historias diversas. No todos surgieron en la misma época ni poseen el mismo significado en todas las comunidades.

De hecho, una de las características más interesantes de esta celebración es precisamente su capacidad para incorporar nuevas costumbres sin perder su relación con la memoria de los difuntos.

Y es en ese proceso de transformación donde también encontramos a nuestros gatos.

¿Cuándo regresan los gatos en Día de Muertos?

En los últimos años se ha popularizado en México la creencia de que las almas de los animales de compañía regresan a visitar sus hogares el 27 de octubre, unos días antes de las celebraciones principales del Día de Muertos.

Según esta interpretación, perros, gatos y otros animales fallecidos vuelven a los lugares donde vivieron para reencontrarse con quienes los recuerdan.

Aunque la fecha se menciona con frecuencia en redes sociales y medios de comunicación, no se trata de una antigua tradición prehispánica documentada. Una de las iniciativas que contribuyeron a popularizarla surgió en 2019, cuando una empresa mexicana de servicios funerarios para animales propuso dedicar el 27 de octubre a su memoria. Desde entonces, la fecha ha ganado presencia en las celebraciones contemporáneas.

Sin embargo, no todas las familias siguen este calendario. Algunas prefieren recordar a sus animales el 1 y 2 de noviembre, junto con sus demás seres queridos, mientras que otras mantienen sus fotografías en el altar durante toda la celebración.

No existe una fecha única que determine cuándo deben ser recordados nuestros animales de compañía. Las costumbres varían de una familia a otra y reflejan las distintas maneras de vivir el Día de Muertos.

Un lugar para nuestros gatos en la ofrenda

Las ofrendas dedicadas a los animales de compañía suelen conservar muchos de los elementos tradicionales del Día de Muertos.

Las flores de cempasúchil, cuyo color y aroma se relacionan popularmente con el camino que siguen las almas, pueden acompañar las fotografías de los animales recordados. Las veladoras representan la luz que ilumina su regreso, mientras que el agua y los alimentos forman parte de los elementos habituales de las ofrendas.

A ellos se suman objetos que pertenecieron a nuestros gatos: un juguete favorito, una manta, su plato o algún pequeño recuerdo de los años compartidos.

No existe una lista obligatoria de elementos para preparar una ofrenda felina. Algunas familias elaboran altares especiales para sus animales; otras simplemente colocan sus fotografías junto a las de sus familiares fallecidos.

Estos pequeños gestos también nos hablan de los cambios en nuestra relación con los gatos.

Durante siglos, estos animales han desempeñado diferentes papeles en las sociedades humanas. Han sido cazadores de roedores, habitantes de granjas y ciudades, protagonistas de leyendas y obras de arte y, por supuesto, compañeros de hogar.

Hoy, para muchas personas, los gatos forman parte de la familia. No resulta extraño, entonces, que también hayan encontrado un lugar en las tradiciones con las que recordamos a quienes fueron importantes en nuestras vidas.

Una tradición que sigue creciendo

La incorporación de perros, gatos y otros animales de compañía a las ofrendas de Día de Muertos es un ejemplo de cómo las celebraciones culturales continúan evolucionando.

Aunque no podemos establecer con precisión cuándo comenzaron las primeras familias mexicanas a incluir a sus mascotas en los altares, la creciente difusión de esta costumbre durante los últimos años muestra que se ha convertido en una forma significativa de recordar a los animales fallecidos.

En el caso de nuestros gatos, quizá baste una fotografía, un pequeño juguete o el recuerdo de aquel rincón de la casa donde les gustaba dormir.

Porque, más allá de las fechas y las creencias de cada familia, dedicarles un espacio en el Día de Muertos es otra manera de reconocer el lugar que ocuparon en nuestra historia.

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